viernes, 21 de enero de 2011

Baba en la jeta

“Una máquina de amor con un monstruo adentro” podría decirlo todo, pero esto no es así. Acá están Las Culebras que te muestran el pecho peludo donde adentro laten sus corazones.

Por Facundo Arroyo
Fotos: The Dark Flack
        
         Dame fuego o te mato—. El Tinga tiene la barba larga y enredada, el pelo abajo de los hombros y una barriga tirante. “El rock and roll lo tengo en la panza”, dice después. Anda por el living con el cinto desprendido y habla como si estuviera tocando una banda de heavy metal en vivo. Es amable y ofrece los servicios del lugar donde Las Culebras se juntan para arrancar.
         La oscuridad de un hospital a veces suele provocar desesperación. Un hospital de noche es tremendo. Son ojos de culebras que acechan desde donde no se ven, huevos de reptiles saboteando lo que uno más quiere. Los hospitales tienen un olor horrible, de noche y de día. Pero cuando todo se apaga ese olor se intensifica como si las culebras salieran de sus huevos y empezarían a ensartar el veneno en la piel de los seres enfermos.
         “El peor veneno de Las Culebras no lo sé, la verdad soy muy feliz siendo parte de esta familia loca, el veneno es mucho, para nosotros es una cura incluso”.
         “El peor veneno del rock es perder el punto en el cual llegás a pensar solamente en agradar a los demás y buscar un “éxito” económico, no lo entiendo. Hay muchos, cada vez más. Éstos son los que se me vienen a la cabeza ahora”.
El que habla es Santiago Casiasesino, el cantante de Las Culebras que además es artista: “Estoy todo el día dibujando”, cuenta y después reparte invitaciones para un negocio que se inaugura, en donde él fue el encargado de marcar una de las paredes del local. En cualquier extremo de su ropa se le escapa algún tatuaje como uno que tiene en el cuello a punto de llegar a la yugular.
         Compartir una noche con Las Culebras puede durar bastante. Ellos son una verdadera banda de rock: “Las Culebras no somos una actuación de rock, en Las Culebras somos rockeros”, dicen después de mostrar su nueva producción: “Una máquina de amor con un monstruo adentro”, rock sucio, garage y de frente que te da un tortazo en cualquier momento del día.
         Adentro de la casa de Santiago están todos los instrumentos de Las Culebras. Envueltos en colores, trapos, marcos reformados que el artista va dejando al pasar se encuentran las divisiones de la covacha que tiene decorada para alojarse por una temporada. Antes vivía Santiago, después Alfonso (batero) con su familia, y ahora nuevamente Santiago y un cachorro de la mejor marca de la esquina: perro, perro.
         Pero Las Culebras tienen un monstruo encerrado en sus adentros y hablan de eso: “Se fue Rolo (ex guitarrista) y también nos colgamos. Se terminó y se editó en realidad, el cuelgue fue antes. Hubo una sesión elemental que fue un momento único en la grabación, tocamos algunas cosas arriba y quedó genial. Hubo una gran conexión en ese momento y salió bien. También sale mucha plata y es un dolor de huevo. Entonces organizamos algunas movidas: dos ferias en Pura Vida, que los chicos de ahí siempre se copan (fueron dos jueves que abrieron el lugar para eso), plata que teníamos de algunos recitales y lo sacamos, no mucho más que eso”.
         Entre las historias de amor entalcadas y las remeras transpiradas todos acuerdan cuando se dice que si Las Culebras salieran de un huevo, ese mismo huevo se empollaría en Pura Vida.
         Tinga: El disco de Las Culebras suena a todo lo que escuchamos nosotros. Garage, punk, hardcore. Los títulos son momentáneos hasta que pensás un nombre posta, después ese nombre, por supuesto, nunca sale y le queda el primer título, básicamente.
         Alfonso: Es como cuando arreglás la canilla de tu casa y le ponés cinta, total después se la sacás, pero resulta que la cinta queda para siempre, básicamente [repeat].
         Y como para aclarar los tantos explican lo de “Pampa Sosa experience” (track dos de Una máquina...), “No tiene nada que ver el nombre. Lo que pasó era que había metido un gol contra River y justo ese día ensayamos y quedó. Como la cinta en la canilla”.

Killer conductor

         Le dicen a Alfonso: “No vas a decir lo de la UMI (unión de músicos independientes). En La logia del ruido (Programa que se emite por Radio Provincia a cargo de un amigo de la casa Augusto Dallachiesa) se colgó contando una movida sobre ese espacio y encima lo contó mal porque no lo sabía muy bien. La hizo re larga y no le dio conclusión”.
         Alfonso es un pelado serio con una familia al hombro, maneja una ambulancia y se manda jornadas de doce horas sin parar. “La fuerza oculta de Alfonso sería su poder de manejar las finanzas de Las Culebras de forma espléndida, cosa que pensamos todos los demás ya que sino el proyecto sería muy distinto”, dice Casiasesino. Pero Alfonso parece alojar una bestia adentro suyo que sale cuando se pone adelante de la batería y termina de ajustar todos sus platos. En ese momento ya no hay ambulancia que pueda salvar a ese ser que toca en cuero y lanza veneno en los coros.
         Pero Alfonso sigue y Las Culebras cuentan: “También tuvimos en Fm Universidad con Finocchi. Ahí también el pelado se mandó cualquiera. Dijo: “El título del disco se le ocurrió a Felipe”, que es el nombre del hijo del pelado (tiene siete años). “Estaba una tarde fumando con el tío (O sea, Santiago Casiasesino)... El pelado se manda cualquiera”, repiten.
         De todas formas el tío Casiasesino lo banca: “Espero que si me tienen que llevar en una ambulancia el pelado sea ese killer conductor, mezcla de tranquilidad a punto de irse todo a la mierda, me encantaría que él nos llevara”.

         Todas Las Culebras cuentan con un largo y estrecho camino. La mayoría son amigos hace muchos años y varios de ellos tocaron y tocan en otras bandas (Elperrodiablo, Demencia, Fire Squad, entre otras). En este momento el Tinga integra cuatro bandas a la vez y todos se ríen por lo manija que es. “Es el único que no trabaja ni estudia, vive del rock, pero no gana plata con el rock... es un verdadero rockero”, dice Silasi unos días después en Parque Saavedra.
         El nombre de Las Culebras se lo puso Rolo, ese ex guitarrista, que se  lo suele cruzar por la calle con una Econo Power, roja y rayada de la trasnoche, y un casco que le tapa la mitad de la bocha. El Rolo tiene una cruz que le cuelga de la oreja izquierda y una vez flashó con las pandillas de la película “The Warriors”, allí, en ese mismo instante, nació el nombre de Las Culebras.
         Y Rolo a la distancia, y rogando que lo lleven a la próxima gira de la banda, no estaba tan alejado del complemento que potenciaría a Las Culebras: hay cinco reptiles arrastrándose entre “La sangre en la camisa no parece” y “Policías garroneros”, canciones del nuevo disco que reflejan la esencia de la banda.
         Dice Kawabata (un oriental altamente punk) en “La pandilla de Asakuza”: “En Asakuza, todo está en estado salvaje. Los deseos bailan desnudos. Todas las razas, todas las clases se mezclan formando una corriente sin fondo, interminable, que fluye noche y día, sin comienzo ni fin. Asakuza está lleno de vida”. Y ahí está Casiasesino en cuero y con gafas negras escupiendo el micrófono de Pura Vida: “No lo puedo controlar, porque no lo quiero controlar”.

¿No future?

         Explica un ensamblador y disecado teórico que no vale la pena citar: “La retórica canalla del punk, su fijación con la clase y la distinción, estaban expresamente diseñadas para debilitar el intelectualismo de la generación anterior de músicos de rock”.
         Y no se cita porque la posta la tienen LasCulebrasNena (@hotmail.com): “El punk, hoy en día, no tiene nada que ver con lo que era antes, principalmente, a nivel musical. Antes era más cerrado, se le prestaba mucha atención a todos esos detalles que demarcan un límite claro. Ahora es “estar tranquilos”, poder resolver todas las movidas sin problemas, sin enroscarse, ahora eso es punk, loco, no sé si lo puedo explicar bien pero va por el lado de la actitud”. Y clavan su mejor veneno: “Organizarse para pasarla bien”.
Silasi no parece un músico punk, pero es el bajista de Las Culebras. Es un tipo con el pelo prolijo y la barba recortada, tiene la remera planchada y comenta varios de sus emprendimientos comunicacionales y comerciales, plano en el cual pela su actitud punk. Está al salto de completar cualquier duda que surja en la charla y de limar algún detalle eventual. Pero como cualquier Culebra tiene lo suyo y Silasi es realmente una máquina de tirar anécdotas, y no sólo pasadas, sino que parece que anda por las calles buscando historias para volver a relatar a sus viejos amigos.
Entre todos cierran: “En la manera de hacer las cosas somos punk. Pura actitud. Todo lo que conocemos como independencia”.

-¿Cuál es la distancia de los 107 faunos con Las Culebras?

Tinga: Es una banda Indie. A mi no me gustan pero si escuchara Indie seguro que los escucharía a ellos.
Latino sucio: Nosotros somos el punk (es un chiste).
Casiasesino: Con los locos paro y me tomo una birra, juego un partido de fútbol, lo que sea,  y eso es más una postura ideológica que compartimos que quizás no me pasa con una banda que hace más el sonido de Las Culebras. A mi me caen muy bien, son todos amigos, como nosotros, nos manejamos entre amigos y eso está bárbaro.
Silasi: Todos venimos de ahí, quizás estamos todos en la nuestra, pero antes quizás hayamos compartido bocha de cosas. Con Sr. Tomate es otro ejemplo claro.
Las Culebras: Después musicalmente es otra cosa.

Latino Sucio es callado y su mirada no dice nada. Sin embargo cuando saltan las anécdotas es uno de los actores principales en varias de ellas. Anda con los hombros tensos y cuando se saca el pulóver con rombos deja la duda de saber cuál es el más tatuado: si él o Casiasesino. El latino tiene una guitarra con figuras psicodélicas y una faja con estrellas recortadas. Es fiel seguidor de los desquicios de la viola del Tinga pero también tiene sus momentos. Casiasesino explica una de esas experiencias del Latino y apunta: Octubre 2009, gira Las Culebras - Fire Squad, tramo Rafaela (Santa Fé).
         “Luego de dar un show nos fuimos todos a un bar que nos habían dicho que se ponía. Nos llenamos de resfrescantes bebidas hasta niveles importantes y ahí partimos a la casa de Manu (un capo que nos hospedó). La mayoría, luego de unas facturas, se fue a dormir (desmayarse casi), pero Latino Sucio decidió dormir con su chica (Danga) en su auto. En un momento se bajó a orinar, y luego, se equivocó de auto y se acostó a dormir en una camioneta ajena. Cuando el dueño lo vio, llamó a la policía y lo llevaron sin que se diera cuenta a la comisaría. Cuando llega, los polis lo despiertan con unos mates y ahí empieza a entender algo. Llama a Danga y ella sin saber cómo, llega a la comisaría a rescatar al Latino Sucio.
         Lo más gracioso de todo esto es que los demás dormíamos y al otro día como estábamos en otro auto arrancamos y nos volvimos a La Plata, ellos se quedaron durmiendo hasta la tarde. ¡Nos enteramos quince días después de esto!

Dentro de unos días Las Culebras se van por esas provincias que vienen recorriendo hace rato. “Capital ya fue”, dicen y quieren tocar por otros lados de Buenos Aires también. Rafaela, Villa María y Paraná son algunas paradas que los esperan para “seguir de gira” con ese monstruo que sale y destroza bochas distraídas. “Con un disco es distinto”, dice Silasi y propone hacer un lugar para Rolo que no para de tirar mensajes. “Es tan chiquitito que una vez se durmió arriba de una heladera portátil”.
Entre centro de operaciones casero, casas de ensayo, tardes domingueras, algunos correos y por supuesto el vivo, Las Culebras corren con la ventaja genuina que quizás algunos no tengan. Nena: Las Culebras son pura actitud.


Publicado en De Garage, diario de rock. Octubre 2010.

Una amiga diría: “Siempre es mejor la versión en papel”.

1 comentario:

Caro Sánchez Iturbe dijo...

se comenta que esa amiga tuya es tu fan! :)