martes, 18 de octubre de 2011

Tres con algo

A full, hagamos de esto una leyenda
Poesía y cine documental en Pura Vida. La performance y la música en vivo como cómplices de una intervención matizada. Tres puntas de una estrella que al final se completan con algunos otros detalles. Un ciclo deforme en el mes de la primavera.
Por Facundo Arroyo
Fotos: The Dark Flack
Durante todos los jueves de septiembre la poesía se metió en Pura Vida. Como si fuera Comandante en Jefe, como La Fede -esa perra color caca que se distingue por sus rastas tras sus orejas- con ella también llegaron el cine documental, la performance, la música y las pocas monedas para poder entrar tras todo eso. Como juntando tres décadas de clásicos vermuts, ahora ya no se recuerda aquel “París era una fiesta”; ahora estamos en La Plata y los hechos se pueden ejecutar.


- Tres con algo.
- ¿Me estás tomando el pelo?
- No, la entrada sale tres pesos con algo. Ese algo puede ser lo que vos quieras, ya me han dejado una frase en un papel, un chicle y una moneda de oro que adentro tiene chocolate.
La muchacha de grandes dientes y labios carnosos saca cuatro pesos y se los deja al portero de los jueves de septiembre. La editorial Primer Párrafo, el Estudio Beat64, el sello de música independiente Caracol Rojo y Cronopunk organizaron un ciclo deforme, donde las disciplinas puedan interactuar y donde el espectador se sienta incómodo, desubicado; que se la tenga que bancar o que se vaya rajando de su lugar favorito. Un bar donde sabés que siempre podés encontrar rock pero también a Alberto Bassi, una feria de ropa o un cumpleaños de un nene de 8 años con padres piolas.
El ciclo se llama “Tres con algo” y está representado por las tres puntas superiores de una estrella. Cada noche arranca con un documental (pasaron “La cocina”, sobre el cantautor uruguayo El Príncipe; “Hit”, un recorrido por la canción de Uruguay, en sintonía con el anterior; “Luca”, sobre Luca Prodan; “El otro camino”, sobre Rodolfo Mederos y “El hilo de una voz”, sobre Liliana Herrero) mientras la barra escupe la promo de “Lechu Pizza + una birra, 40 pe”.
Al término de cada película empieza la música en vivo y la poesía se improvisa con pequeños guiños entre la banda y el poeta. Hubo duelos como Cuco con el recitado de Luis Aranosky; Vanprash con la poeta y cronista Julia González; Gran Cuervo con el recitado de Leónidas Lamborghini; El resplandor de las luciérnagas con la palabra de Julián Axat; y para la última velada la poesía de Josefina Garzillo leída por la pequeña Vito contra un festín de juguete que se dio a llamar La orquesta Caracol.
Mientras eso pasa sobre el escenario, entre las mesas se desarrollan distintas performances de disímil carácter y contenido. Por ese espacio pasaron Lemon Pie Cristal, Mercedes Falkenberg, La quinta pata, Laura Valencia (responsable de Pájaro Cazador e integrante de La Fabriquera) y Carolina Mirabella..
    El ciclo lo abre un oso con peluca roja que tiene una guitarra con distorsión al mango. Aranosky grita sus verdades con una mano postiza metida en su bulto y un jopo rockabilly que hace recordar a varios personajes platenses. En la cuarta edición, Laura Valencia está envuelta en plástico multicolor y se hace una colita en la cabeza con cinta de papel. El pelo le llega a la cintura, mira al frente y desafía. Luego agarra una tijera con mango rojo y saca una cola de caballo (toda de su nuca) que decora con algunas fotos y una pluma negra contra la baranda bordó del escenario.
Contra la pared que está al lado del portón que sirve como salida de emergencia hay pegado un afiche blanco que cubre todo el espacio. Allí, rodeado de luz roja y faroles flojos, Mederos dice que le gusta “lo genuino”, que para trabajar en publicidad el pecado no es la abundante plata sino la úlcera o el ataque de nervios que llegan después. Lo dice con un mate en la mano y su mirada perdida desde algún balcón del viejo San Telmo. Antes, Luca grita que le juega una carrera a Pappo tomando ginebra, El príncipe asegura que “los pibes allá en la esquina están como figurados, nadie paga sus pecados, no los socorre ni dios” y el eco de Lamborghini asegura que “La tragedia que cede su lugar a estas tres formas y, con ellas, se confunde en violento carnaval”.
            Explotan cinco globos para avisar que el ciclo acaba de terminar.
Afuera, cuando las madrugadas ya no son tan duras, la Fede espera agazapada en el medio de diagonal 78. Se rompe la cabeza contra los paragolpes porque así la calle la crió y porque así son los códigos de la Fede. La misma calle que curte a ese “que espera que en el cielo esté el amor” y que se mete en medio de esos jueves y rapea al ritmo de El resplandor de las luciérnagas y luego pide y agita “Fuerte ese aplauso”.  


Nota publicada en De Garage, octubre. Una amiga dice: “Siempre es mejor la versión en papel”.

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